lunes, 30 de agosto de 2010

domingo, 29 de agosto de 2010

sábado, 28 de agosto de 2010

jueves, 26 de agosto de 2010

martes, 24 de agosto de 2010

RICARDO LEÓN - HORAS DE AMOR

¿Te acuerdas? Quise, con impulso leve,
sobre tu pecho colocar mi oído
y escuchar el dulcísimo latido
con que tu blando corazón se mueve.

Prendí en mis brazos tu cintura breve
y hundí mi rostro en el caliente
nido de tu seno, que es mármol encendido,
carne de flores y abrasada nieve.

¡Con qué prisa y qué fuerza palpitaba
tu enamorado corazón! Pugnaba
tu talle, en tanto, más, con ansia loca,

bajo la nieve el corazón latía,
y, en su gallarda rebelión, quería
saltar del pecho por besar mi boca...

Trévor Watson

Trévor Watson

domingo, 22 de agosto de 2010

Fernando Vallejo - La Virgen De Los Sicarios

Algo insólito noté en la carretera: que entre los nuevos barrios de casas uniformes seguían en pie, idén­ticas, algunas de las viejas casitas campesinas de mi infancia, y el sitio más mágico del Universo, la cantina Bombay, que tenía a un lado una bomba de gasolina o sea una gasolinera. La bomba ya no estaba, pero la can­tina sí, con los mismos techos de vigas y las mismas pa­redes de tapias encaladas. Los muebles eran de ahora pero qué importa, su alma seguía encerrada allí y la comparé con mi recuerdo y era la misma, Bombay era la misma como yo siempre he sido yo: niño, joven, hombre, viejo, el mismo rencor cansado que olvida to­dos los agravios: por pereza de recordar.

 

Vallejo Fernando - La Virgen de Los Sicarios

TOMÁS KÓBOR - Después de la conferencia

 

TOMÁS KÓBOR - Después de la conferencia

Franck Leboulenger

Franck Leboulenger

viernes, 20 de agosto de 2010

FRANCISCO VILLAESPESA - EPITAFIO

Palpitante de angustia y de terror te veo.
Ya en tu carne has sentido los dientes del Pecado,
y en medio de las lúbricas traíllas del deseo
tu pudor se defiende como un ciervo acosado.

A veces, en un ímpetu te vuelves irritada,
y tu violencia aplastada y tu coraje hiere,
y en otras, lacrimosa, suplica tu mirada
con el dolor de un alma que de dolor se muere.

Pero, defensa inútil. Llegará el caballero,
y hundirá en tus entrañas virginales, su acero,
y morirás bañada entre tu sangre ardiente...

Y entregará tu cuerpo, en medio de la plaza,
a la salvaje y ávida lujuria de la gente,
¡cual sangriento trofeo de su bárbara caza!

Fréderic Fontenoy

Fréderic Fontenoy