martes, 2 de febrero de 2010

Darío Jaramillo Agudelo - TU LENGUA

De Bob Carlos Clarke

TU LENGUA, tu sabia lengua que inventa mi piel,
tu lengua de fuego que me incendia,
tu lengua que crea el instante de demencia,
el delirio del cuerpo enamorado
tu lengua, látigo sagrado, brasa dulce,
invocación de los incendios que me saca de mí,
que me transforma,
tu lengua de carne sin pudores,
tu lengua de entrega que me demanda todo,
tu muy mía lengua,
tu bella lengua que electriza mis labios, que vuelve
tuyo mi cuerpo por ti purificado,
tu lengua que me explora y me descubre,
tu hermosa lengua que también sabe decir
que me ama.

sábado, 30 de enero de 2010

Un hombre se inclina... Emilio Adolfo Westphalen.

Un hombre se inclina sobre el cuerpo desnudo de una mujer
y lentamente extiende con la lengua sobre él,
un líquido rosado.
El cuerpo queda todo húmedo, brillante y encendido...
Luego con los dientes hace aquí y allá
el signo del amor...
Pequeños puntos blancos que adornan la piel oscura...
La mujer cierra los ojos, dilata las narices...
A veces, a pesar suyo, en un suspiro entreabre sus labios.

domingo, 24 de enero de 2010

Edward Estlin Cummings - LLEVO TU CORAZÓN CONMIGO

Llevo tu corazón conmigo,
lo llevo en mi corazón.
Nunca estoy sin él
donde quiera que voy, vas tú
amada mía,
y lo que sea que yo haga
es tu obra.
No temo al destino,
ya que tu eres mi destino.
No quiero ningún mundo,
porque tu eres mi mundo, mi certeza.
Y eso es lo que eres tú.
Lo que sea que una luna
siempre pretendió,
lo que sea que un sol quiera ser.
Este es el secreto más profundo
que nadie conoce.
Esta es la raíz de la raíz,
el brote del brote,
el cielo del cielo
de un árbol llamado vida,
que crece más alto
de lo que el alma puede esperar
o la mente ocultar.
Es la maravilla que mantiene
a las estrellas separadas.
Llevo tu corazón.
Lo llevo en mi corazón.

miércoles, 20 de enero de 2010

martes, 19 de enero de 2010

viernes, 15 de enero de 2010

Antonio Muñoz Molina - fragmento de El jinete polaco

Le ofreció el cigarrillo –era tan pulcro que también se había preocupado de traer un cenicero- pero no se quedó sentado junto a ella, se atravesó sobre la cama, le separó un poco más las piernas acariciando sus tobillos y los dedos de sus pies, le besó las rodillas y el interior suave de los muslos y fue subiendo despacio, dejándole en la piel un rastro de saliva, le apartó el vello, cuidadosamente, con determinación y lentitud, y entonces empezó a besarla exactamente igual que si besara su boca, hundiéndole la lengua, moviéndola en ondulaciones circulares, arriba y abajo, respiraba por la nariz, retrocedía para recobrar el aliento o quitarse un pelo de los labios y la miraba sonriendo, con la cara entusiasta y mojada, la veía fumar entornando los ojos, la horadaba, la olía, su carne rosa se dilataba y contraía como un corazón, cerró los ojos y respiró ella también con la boca abierta y el cigarrillo se le desprendió de los dedos, y mientras las manos de él subían para cerrarse alrededor de sus pechos las suyas descendieron y le acariciaron el desorden del pelo, la frente, las aletas trémulas de la nariz, buscaron su lengua y las comisuras de la boca y casi no podían distinguirlas del vientre y del vello empapado en el que se sumergían a un ritmo cada vez más sofocado y veloz, se abrió ella misma más aún, hasta sentir dolor en las junturas de los huesos, más allá del ofrecimiento y la vergüenza, sin saber a quién de los dos pertenecían los labios que estaba acariciando, la respiración y las palabras que escuchaba, la gradual ebriedad que los arrebataba y los hacía aplastarse el uno contra el otro como para no perder un asidero en el delirio, los sudores y secreciones y olores que envolvían y lubricaban sus miembros igualándolos en un desfallecimiento fervoroso y común.

jueves, 14 de enero de 2010




Llegas, amor, cuando la vida ya nada me ofrecía
sino un duro sabor de lenta consunción
y un saberse dolor desamparado,
casi ceniza de tinieblas;
llega tu voz a destrozar la noche
y asciendes por mi cuerpo
como el cálido pulso hacia el latir postrero
de quien a solas sabe
que un abismo de duelo lo sostiene.

Nada había sin ti,
ni un sueño transformado en vida,
ni la certeza que nos precipita
hasta el total saberse consumido;
sólo un pavor entre mi noche
levantando su voz de precipicio;
era una sombra que se destrozaba,
incierta en húmedas tinieblas
y engañosas palabras destruidas,
trocadas en blasfemias que a los ojos
ni luz ni sombra daban:
era el temor a ser sólo una lágrima.

Mas el mundo renace al encontrarte,
y la luz es de nuevo
ascendiendo hacia el aire
la tersa calidez de sus alientos
lentamente erigidos;
brotan de fuerza y cólera
y de un aroma suave como espuma,
tal un leve recuerdo
que de pronto se hiciera un muro de dureza
o manantial de sombra.

Y en ti mi corazón no tiene forma
ni es un círculo en paz con su tristeza,
sino un pequeño fuego,
el grito que florece en medio de los labios
y torna a ser el fin
un sencillo reflejo de tu cuerpo,
el cristal que a tu imagen desafía,
el sueño que en tu sombra se aniquila.

Olas de luz tu voz, tu aliento y tu mirada

en la dolida playa de mi cuerpo;
olas que en mí desnúdanse como alas,
hechas rumor de espuma, oscuridad, aroma tierno,
cuando al sentirme junto a tu desnudo
se ilumina la forma de mi cuerpo.

Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura

hay un mundo de luz amanecido.

RITUAL. Arturo Gutiérrez Plaza.

Se trenzan lentamente
acoplan sus medidas...
Descubren un rito
de aullidos diminutos;
lenguas,
ojos tallando la piel.
Los labios se encuentran,
olfatean,
recorren con furia los cuerpos.
Un breve estallido
queda preso en las sábanas.
Construyen un templo en la mirada.

lunes, 11 de enero de 2010

Alberto Marpez - Llegaste Desnuda, como siempre

 

Ya es la hora. Ella vendrá. Puntual.
    Como siempre.
    Veo la neblina nimbada. Me envuelve una bruma de fragancias a flores y hembra en celo. Aquí está, ya llegó. Desnuda, endemoniadamente desnuda.
    Su belleza sobrenatural subyuga, aturde, devora.
   Su cuerpo es una invitación al sexo más salvaje. Sus prominencias son puro fuego, senos blancos y turgentes coronados con dos magníficos soles rosados siempre erguidos.
    Sus curvas están hechas para la pasión. Y la perversión.
    Su pubis es un mínimo triángulo invertido señalando el húmedo camino del placer. Los labios color salmón regalan néctar, impacientes por ser besados.
    No sé quién es. No sé qué es. Pero estas nunca han sido razones suficientes para no amar a alguien.
    La conocí a los quince años, cuando padecí una enfermedad que casi acaba conmigo. En aquél momento nadie pensó que yo pudiera salvarme. Una fiebre feroz devastaba mi cuerpo y deliraba empapado en mi propio sudor.
    Vagando perdido en el límite entre la vida y la muerte la vi por primera vez. Quizás la vida, la muerte y la pasión estén hechas de la misma sustancia.
    Sobreviví. Y desde entonces acude a mi encuentro todas las noches, a las doce exactas.

    Su cabello negrísimo es largo y serpentea perezoso en su espalda hasta acariciar su culo perfecto. Las nalgas son montañas atravesadas por el cauce de un río que pide a gritos la exploración de sus profundidades.
    Toda su piel de luna emana un brillo nacarado. Sus piernas son largas y aún los torneados tobillos parecen la obra maestra de un eximio escultor.
    Me mira y me pierdo en sus ojos celestes. Su lengua juega traviesa entre sus labios carnosos.

    No habla, pero yo la escucho. Su voz aterciopelada desgarra desde dentro mi cabeza, mi pecho, mis genitales. «Hazme tuya», ruega. «Haz conmigo lo que desees», pide. «Te necesito ahora», clama.
    Se acerca. Como siempre.

    Aunque me duerma en mi espera, me despierta. Me sacude. Me excita. Me electriza. Me inmoviliza de ardor. Me incita a hacer el amor, a perderme en el infierno de su carne pálida.
    Desde que la vi por primera vez ninguna otra mujer ha existido en mi vida. No son nada. No se aproximan ni remotamente a tanta hermosura.
    ¿Que es irreal?... Sí, por supuesto. ¿Pero qué ser amado es real to–tal–men–te?
    He vivido obsesionado con ella. Perdidamente enamorado. Ciego al mundo, sordo a todo. Esperando con desesperación su llegada cada noche.
    Y paradójicamente también he vivido rechazándola día tras día con los últimos restos de mi voluntad. Algo en mi interior intuye que si accedo a su invitación me perderé para siempre. Si cedo, nunca más la veré, nunca más me veré.
    Me atrae como la hoguera a la mariposa nocturna.
    Camina hacia mí con paso felino. Como siempre.

    Pero esta vez creo que adivina que mis defensas se desmoronan, que hoy no sé si podré resistir, que hoy no sé..., si quiero resistir.
    Su fuego frío me envuelve. Tiemblo y ardo al mismo tiempo. Mi sexo se enloquece. Mi mente se paraliza. Mi carne vibra sin freno. Mi semen es lava ardiente que busca desesperadamente su erupción.
    La escucho otra vez. «No me rechaces», me ruega.
    No, no, no...
    Me digo que no. No debo...
    «Te quiero», me susurra. Y me toca. Me acaricia. Me avasalla. Su cuerpo suplica por el mío. El sudor perla mi frente.
    No, no...
    «Te amo», me confiesa. Su aliento es dulce, irresistible, embriagante. Su boca roza mis labios y los enciende.
    No...

    Como nunca.
    La beso. La abrazo. Me hundo en la rosa abierta de su sexo. Me quemo en las llamas del éxtasis más sublime.

     Estallo en miles de chispas de pura luz arco iris.

    Comprendo que el amor puede ser eterno aunque dure solamente un instante.
    Y me resigno a lo inexorable...

Enric Sòria - Deseo, de "Andén de cercanías"


Porque el deseo es una pregunta
cuya respuesta nadie sabe.
Luis Cernuda.

No decía palabras. Sólo era
dos labios que se abrían expectantes.
No, no decía palabras, tan sólo acariciaba,
lentamente, mientras todo su cuerpo
unas manos distintas lo surcaban.
y allí, entre esas manos, el silencio.
Dos bocas que se juntan,
renuevan el silencio,
y el aliento y la sangre
cobran sabiduría
de algún secreto ardiente e invencible,
como ola encabritada o tensa brida,
un secreto al que callan y otorgan.
Los cuerpos son tan sólo interrogantes
planteados deprisa,
porque no hay más respuesta
que no sea respuesta de unos labios abiertos,
que no sea de un cuerpo,
cuando un cuerpo es propicio.
El amor también es una sombra
que busca entre las sombras
otro cuerpo silente.
No decía palabras.
Tan sólo se entreabría
a una imperiosa voz no articulada.

sábado, 9 de enero de 2010

Efraín Huerta - La Amante

 

De Parejas


Y, desdichada, hallarte vibrante de violetas,
celeste, submarina, subterránea,
ahijada de las nubes,
sobrina del oleaje,
madre de minerales
y vegetales de oro,
universal, florida,
jugosa como caña
y ligera de brisas
y cánticos de seda.
Desdichada penumbra al encontrarte
negándose tu cuerpo a mi deseo,
dándose al día siguiente,
circulando en el aire que respiro,
diseñando mi vida,
mi agonía
y mi muerte sencilla,
y mi futura muerte
entre los muertos.
Ah tu cordial miseria de caricias,
el gesto amargo de tus manos
y la rebelde fuga de tu piel,
cómo me decepcionan,
me castigan y ahogan,
hembra de plata líquida,
insobornable y mía.
Y tu noche de gritos y gemidos,
alimentando vida, creando luz,
provocando sudor, melancolía,
amor y más amor desfallecido,
tumultos de palabras,
mi desdichada niña,
olvidándote, sí, casi perdiéndote
en el ruido de torsos y sollozos.
Pero siendo destino, siendo gloria
tus cabellos castaños, tus miradas
y tus feas rodillas de suave juventud.

viernes, 8 de enero de 2010

LOS AMANTES. Baldomero Fernández Moreno.


Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, rosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.
Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndase el aliento unos instantes...
y he aqui el nudo sexual deshecho.
Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,
un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.

Robert Mapplethorpe

Robert Mapplethorpe