viernes, 30 de julio de 2010

CARMEN CONDE - HALLAZGO

Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
en el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.
Alzaré los brazos y sostendré tu aire.
Podrás desceñir mi sueño
porque el cielo descansará en mi frente.
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela
y yo te llevaré por mares escondidos.
¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos,
tus ojos, aves de mi árbol,
en la yerba de mi cabeza.

Anton Postnikov

Anton Postnikov

jueves, 29 de julio de 2010

Dimitry Martinson

 

Dimitry Martinson

Eva Luna - Isabel Allende

En esos días, ella se levantaba temprano y preparaba el desayuno, se vestía con sus mejores trajes, se adornaba con todas sus joyas, se peinaba con el pelo echado hacia atrás, sujeto en la nuca con una media cola, dejando el resto suelto sobre sus hombros. Nunca se había visto tan hermosa. Al principio, el primo la eludía, delante de ella mantenía los ojos en el suelo y casi no le hablaba, se quedaba todo el día en el almacén y por las noches salía a vagar por el pueblo; pero pronto le fue imposible sustraerse al poder de esa mujer, a la huella pesada de su aroma, al calor de su paso, al embrujo de su voz. El ámbito se llenó de urgencias secretas, de presagios, de llamadas….
… sucedía algo prodigioso… una guerra privada de ellos dos, una violenta lucha de voluntades. Kamal se batía en retirada, cavando trincheras, defendido por siglos de tabúes, por el respeto a las leyes de la hospitalidad y a los lazos de sangre que lo unían a Riad Halabí. Zulema, ávida como una flor carnívora, agitaba sus pétalos fragantes para atraerlo a su trampa… se transformó en una hembra enorme y fatal, una araña pálida tejiendo incansable su red.
Zulema se sentaba en la sombra del patio a pintarse las uñas de los pies y mostraba sus gruesas piernas hasta medio muslo. Zulema fumaba y con la punta de la lengua acariciaba en círculos la boquilla del cigarro, los labios húmedos. Zulema se movía y el vestido se deslizaba descubriendo un hombro redondo que atrapaba toda la luz del día con su blancura imposible. Zulema comía una fruta madura y el jugo amarillo le salpicaba un seno. Zulema jugaba con su pelo azul, cubriéndose parte de la cara y mirando a Kamal con ojos de hurí…
La mujer atrapó a su presa en el patio. El primo llevaba media banana en la mano e iba masticando la otra mitad, una barba de dos días le sombreaba la cara y sudaba porque hacia calor y era la noche de su derrota… El joven se detuvo con la boca llena y los ojos espantados. Ella se aproximó lentamente, tan inevitable como un fantasma, hasta quedar a pocos centímetros de él… Kamal… Kamal, y siguió un murmullo de palabras en la lengua de ellos, mientras un dedo de la mujer tocaba los labios del hombre y dibujaba su contorno con un roce muy leve.
Kamal gimió vencido, se tragó lo que le quedaba en la boca y dejó caer el resto de la fruta. Zulema le tomó la cabeza y lo atrajo, donde sus grandes senos lo devoraron. Lo retuvo allí, hasta que el se apartó y entonces se miraron jadeantes, pesando y midiendo el riesgo, y pudo más el deseo y se fueron abrazados a la cama de Riad Halabí.
De pié junto a la cama, Zulema lo envolvió en sus brazos y lo besó hasta que él atino a levantar las manos y tomarla por la cintura, respondiendo las caricias con un sollozo sufriente. Ella recorrió sus párpados, su cuello, su frente con besos rápidos, lamidos urgentes y mordiscos breves, le desabotonó la camisa y se la quitó a tirones. A su vez él trató de arrancarle la túnica, pero se enredó en los pliegues y optó por lanzarse sobre sus pechos a través del escote. Sin dejar de manosearlo, Zulema le dio vuelta colocándose a su espalda y siguió explorándole el cuello y los hombros, mientras sus dedos manipulaban el cierre del pantalón…
Kamal la empujó sobre la cama, y ella soltó un grito, aprisionándolo con sus gruesas piernas y arañándole la espalda. Él se sacudió unas cuantas veces y luego se desplomó con un quejido visceral; pero ella no se había preparado tanto para salir del paso en un minuto, así es que se lo quitó de encima; lo acomodó sobre los almohadones y se dedicó a reanimarlo, susurrándole instrucciones en árabe con tan buen resultado, que al poco rato lo tenía bien dispuesto. Entonces, él se abandonó con los ojos cerrados, mientras ella lo acariciaba hasta hacerlo desfallecer y por último lo cabalgó cubriéndolo con su opulencia y con el regalo de su cabello, haciéndolo desparecer por completo, tragándolo en sus arenas movedizas, devorándolo, exprimiéndolo hasta su esencia y conduciéndolo a los jardines de Alá donde lo celebraron todas las odaliscas del profeta.
Después descansaron en calma, abrazados como un par de criaturas en el bochinche de la lluvia y de los grillos de aquella noche que se había vuelto caliente como un mediodía.

Eva Luna

martes, 27 de julio de 2010

Elías Nandino - Si hubieras sido tú

Si hubieras sido tú, lo que en las sombras, anoche,

bajó por la escalera del silencio

y se posó a mi lado,

para crear el cauce de acentos en vacío

que, me imagino, será el lenguaje de los muertos.

Si hubieras sido tú, de verdad, la nube sola

que detuvo su viaje debajo de mis sábanas

y se amoldó a mi piel

de una manera leve, brisa, aroma,

casi contacto angelical soñado…

Si hubieras sido tú,

lo que apartando la quietud oscura

se apareció, tal como si fuera tu dibujo

espiritual que quiso convencerme

de que sigues, sin cuerpo, viviendo en la otra vida.

Si hubieras sido tú la voz callada

que se infiltró en la voz de mi conciencia,

buscando incorporarte en la palabra

surgida de tu muerte, por mis labios.

Si hubieras sido tú lo que en mi sueño

descendió como bruma, poco a poco,

y me fue encarcelando

en una vaga túnica de vuelo fallecido…

Si hubieras sido tú la llama

que inquemante pasó por mi desvelo

sin conmover el lago del azoro,

igual que en el espejo se sumerge

la imagen, sin herirle

el límpido frescor de su epidermis.

Si hubieras sido tú…

Pero nuestros sentidos

no pueden identificar las ánimas.

Los muertos, si es que vuelven, han perdido

todo lo que pudiera

darnos el goce de reconocerlos.

¿Quién más pudo venir a visitarme?

Recuerdo que, contigo solamente,

muchas veces hablé de la zozobra

en que el constante asedio de la muerte

nos tiene sepultados,

y hablábamos los dos adivinando,

haciendo conjeturas,

ajustando preguntas, inventando respuestas,

para quedar sumidos en derrota,

muriendo en vida por pensar en muerte.

Ahora tú ya sabes descifrar el misterio

porque estás en su seno, pero yo no sé nada…

En esta incertidumbre secretamente pienso

que si no fuiste tú lo que en las sombras, anoche,

bajó por la escalera del silencio

y se posó a mi lado,

entonces quizá fue

una visita de mi propia muerte.

J-L Studio

J-L Studio

lunes, 26 de julio de 2010

SALVADOR DIAZ MIRÓN - CLEOPATRA

La vi tendida de espaldas
entre púrpura revuelta...
Estaba toda desnuda
aspirando humo de esencias
en largo tubo escarchado
de diamantes y de perlas.

Sobre la siniestra mano
apoyada la cabeza,
y cual el ojo de un tigre
un ópalo daba en ella
vislumbres de sangre y fuego
al oro de su ancha trenza.

Tenía un pie sobre el otro
y los dos como azucenas,
y cerca de los tobillos
argollas de finas piedras,
y en el vientre un denso triángulo
de rizada y rubia seda.

En un brazo se torcía
como cinta de centella
un áspid de filigrana
salpicado de turquesas,
con dos carbunclos por ojos
y un dardo de oro en la lengua.

Tibias estaban sus carnes,
y sus altos pechos eran
cual blanca leche vertida
dentro de dos copas griegas,
convertida en alabastro,
sólida ya pero aún trémula.

¡Ah! hubiera yo dado entonces
todos mis lauros de Atenas
por entrar en esa alcoba
coronado de violetas,
dejando con los eunucos
mis coturnos en la puerta.

Katarzyna Rzeszowska

Katarzyna Rzeszowska

domingo, 25 de julio de 2010

Leopoldo Lugones - La estatua de sal

Leopoldo Lugones La Estatua de Sal

Jacques Magazine - Sandy

Jaime Sabines - He aquí que tú estás sola…

He aquí que tú estás sola y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

Walter Barthélémi

Walter Barthélémi

sábado, 24 de julio de 2010

No te tardes, que me muero - Juan de la Encina

No te tardes que me muero,
carcelero,
no te tardes que me muero.

Apresura tu venida
porque no pierda la vida,
que la fe no está perdida,
carcelero,
no te tardes que me muero.

Bien sabes que la tardanza
trae gran desconfianza;
ven y cumple mi esperanza,
carcelero,
no te tardes que me muero.

Sácame de esta cadena,
que recibo muy gran pena,
pues tu tardar me condena.
Carcelero,
no te tardes que me muero.

La primer vez que me viste
sin te vencer me venciste;
suéltame, pues me prendiste.
Carcelero,
no te tardes que me muero.

La llave para soltarme
ha de ser galardonarme,
proponiendo no olvidarme.
Carcelero,
no te tardes que me muero.

Y siempre cuanto vivieres
haré lo que tú quisieres
si merced hacerme quieres.
Carcelero,
no te tardes que me muero.

Amancio Prada

 

Vladimir Archipov

Vladimir Archipov

viernes, 23 de julio de 2010

NICOLAS GUILLEN - DOS MADRIGALES

1
Tu vientre sabe más que tu cabeza
y tanto como tus muslos.
Esa
es la fuerte gracia negra
de tu cuerpo desnudo.
Signo de selva el tuyo,
con tus collares rojos,
tus brazaletes de oro curvo,
y ese caimán oscuro
nadando en el Zambeze de tus ojos.

2

Sencilla y vertical
como una caña en el cañaveral.
Oh retadora del furor
genital:
tu andar fabrica para el espasmo gritador
espuma esquina entre tus muslos de metal

Jan Saudek

Jan Saudek

jueves, 22 de julio de 2010

FRANCISCO DE QUEVEDO - A FLORALBA

IV

¡Ay, Flor alba! Soñé que te..., ¿dirélo?

Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.

¿Y quién, sino un amante que soñaba,

juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,

cual suele opuestas flechas de su aljaba,

mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,

como mi adoración en su desvelo.

Y dije: "Quiera Amor, quiera mi suerte,

que nunca duerma yo, si estoy despierto,

y que si duermo, que jamás despierte."

Mas desperté del dulce desconcierto;

y vi que estuve vivo con la muerte,

y vi que con la vida estaba muerto.

Herb Ritts

 

Herb Ritts

martes, 20 de julio de 2010

LUIS CERNUDA - DOS POEMAS

No decía palabras

No decía palabras,

Acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,

Porque ignoraba que el deseo es una pregunta

Cuya respuesta no existe,

Una hoja cuya rama no existe,

Un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,

Remonta por las venas

Hasta abrirse en la piel,

Surtidores de sueño

Hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,

Una mirada fugaz entre las sombras,

Bastan para que el cuerpo se abra en dos,

Ávido de recibir en sí mismo

Otro sueño que sueñe;

Mitad y mitad; sueño y sueño; carne y carne,

Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,

Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Estaba tendido

Estaba tendido y tenía entre mis brazos un cuer­po como seda. Lo besé en los labios, porque el río pasaba por debajo. Entonces se burló de mi amor.

Sus espaldas parecían dos alas plegadas. Lo besé en las espaldas, porque el agua sonaba debajo de nosotros. Entonces lloró al sentir la quemadura de mis labios.

Era un cuerpo tan maravilloso que se desvaneció entre mis brazos. Besé su huella; mis lágrimas la borraron. Como el agua continuaba fluyendo, dejé caer en ella un puñal, un ala y una sombra.

De mi mismo cuerpo recorté otra sombra, que sólo me sigue a la mañana. Del puñal y el ala, nada sé.

Daniel Bauer

Daniel Bauer

sábado, 17 de julio de 2010

Kafka, Franz -El Silencio de las sirenas

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación.

He aquí la prueba:

Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.

Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vió primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo mas acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

Franck Leboulenger

Franck Leboulenger

The Geisha

Balthus

 

Balthus

sábado, 10 de julio de 2010

ALEJANDRO AURA – Fragmento de Pausa

Ella es dulce como la saliva de ciertas flores que amo,
ella es suave como su piel como la luz muy tenue,
ella es tierna y morena y yo la quiero
y no le gusta vivir al viento,
ah no le gusta vivir al viento,
y yo que partí de mis raíces duras,
que dejé las anclas de mi nombre llenas de orín y pesadeces
para poder vivir al viento
y no le gusta;
enciéndase la lámpara de los días amargos
¿voy a desconocer una vez más la libertad
de estar atado a la carne del amor terreno?
y me gustan sus cabellos para esconder la lujuria de mi aliento
y me gustan su talle, y sus caderas
para abrazar la arena de su vientre con mi pecho desnudo,
ay y no le gusta vivir al viento a la niña de mis cantos

¿qué voy a hacer ahora?

viernes, 9 de julio de 2010

Andy Julia

Andy Julia

¡Gracias Lady Ari!

Federico García Lorca - No te pude ver

No te pude ver
cuando eras soltera,
mas de casada
te encontraré.
Te desnudaré,
casada y romera,
cuando en lo oscuro
las doce den.

Paco Ibáñez

Enrique Morente

viernes, 2 de julio de 2010

Gabriel Celaya - Más allá del pecado

Imanol

Más allá del pecado,
indecible te adoro,
y al buscar mis palabras,
sólo encuentro unos besos.
Donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.
En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.
Cuando el volcán refulge,
y arde lava en la noche,
en tu montaña ardiente,
te quiero.
Más allá de la muerte,
extraño me reavivo,
y al tomarte desnuda
sólo brasas alumbro.
En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.
Más allá del pecado
indecible te adoro,
y al buscar mis palabras,
sólo encuentro unos besos.

jueves, 1 de julio de 2010

Luis García Montero - El amor difícil

Quizá tú no me viste,
quizá nadie me viese tan perdido,
tan frío en esta esquina. Pero el viento
pensó que yo era piedra
y quiso con mi cuerpo deshacerse.

Si pudiera encontrarte,
quizá, si te encontrase, yo sabría
explicarme contigo.

Pero bares abiertos y cerrados,
calles de noche y día,
estaciones sin público,
barrios enteros con su gente, luces,
teléfonos, pasillos y esta esquina,
nada saben de ti.

Y cuando el viento quiere destruirse
me busca por la puerta de tu casa.

Yo le repito al viento
que si al fin te encontrase,
que si tú aparecieses, yo sabría
explicarme contigo.