sábado, 30 de enero de 2010

Un hombre se inclina... Emilio Adolfo Westphalen.

Un hombre se inclina sobre el cuerpo desnudo de una mujer
y lentamente extiende con la lengua sobre él,
un líquido rosado.
El cuerpo queda todo húmedo, brillante y encendido...
Luego con los dientes hace aquí y allá
el signo del amor...
Pequeños puntos blancos que adornan la piel oscura...
La mujer cierra los ojos, dilata las narices...
A veces, a pesar suyo, en un suspiro entreabre sus labios.

domingo, 24 de enero de 2010

Edward Estlin Cummings - LLEVO TU CORAZÓN CONMIGO

Llevo tu corazón conmigo,
lo llevo en mi corazón.
Nunca estoy sin él
donde quiera que voy, vas tú
amada mía,
y lo que sea que yo haga
es tu obra.
No temo al destino,
ya que tu eres mi destino.
No quiero ningún mundo,
porque tu eres mi mundo, mi certeza.
Y eso es lo que eres tú.
Lo que sea que una luna
siempre pretendió,
lo que sea que un sol quiera ser.
Este es el secreto más profundo
que nadie conoce.
Esta es la raíz de la raíz,
el brote del brote,
el cielo del cielo
de un árbol llamado vida,
que crece más alto
de lo que el alma puede esperar
o la mente ocultar.
Es la maravilla que mantiene
a las estrellas separadas.
Llevo tu corazón.
Lo llevo en mi corazón.

viernes, 15 de enero de 2010

Antonio Muñoz Molina - fragmento de El jinete polaco

Le ofreció el cigarrillo –era tan pulcro que también se había preocupado de traer un cenicero- pero no se quedó sentado junto a ella, se atravesó sobre la cama, le separó un poco más las piernas acariciando sus tobillos y los dedos de sus pies, le besó las rodillas y el interior suave de los muslos y fue subiendo despacio, dejándole en la piel un rastro de saliva, le apartó el vello, cuidadosamente, con determinación y lentitud, y entonces empezó a besarla exactamente igual que si besara su boca, hundiéndole la lengua, moviéndola en ondulaciones circulares, arriba y abajo, respiraba por la nariz, retrocedía para recobrar el aliento o quitarse un pelo de los labios y la miraba sonriendo, con la cara entusiasta y mojada, la veía fumar entornando los ojos, la horadaba, la olía, su carne rosa se dilataba y contraía como un corazón, cerró los ojos y respiró ella también con la boca abierta y el cigarrillo se le desprendió de los dedos, y mientras las manos de él subían para cerrarse alrededor de sus pechos las suyas descendieron y le acariciaron el desorden del pelo, la frente, las aletas trémulas de la nariz, buscaron su lengua y las comisuras de la boca y casi no podían distinguirlas del vientre y del vello empapado en el que se sumergían a un ritmo cada vez más sofocado y veloz, se abrió ella misma más aún, hasta sentir dolor en las junturas de los huesos, más allá del ofrecimiento y la vergüenza, sin saber a quién de los dos pertenecían los labios que estaba acariciando, la respiración y las palabras que escuchaba, la gradual ebriedad que los arrebataba y los hacía aplastarse el uno contra el otro como para no perder un asidero en el delirio, los sudores y secreciones y olores que envolvían y lubricaban sus miembros igualándolos en un desfallecimiento fervoroso y común.

jueves, 14 de enero de 2010




Llegas, amor, cuando la vida ya nada me ofrecía
sino un duro sabor de lenta consunción
y un saberse dolor desamparado,
casi ceniza de tinieblas;
llega tu voz a destrozar la noche
y asciendes por mi cuerpo
como el cálido pulso hacia el latir postrero
de quien a solas sabe
que un abismo de duelo lo sostiene.

Nada había sin ti,
ni un sueño transformado en vida,
ni la certeza que nos precipita
hasta el total saberse consumido;
sólo un pavor entre mi noche
levantando su voz de precipicio;
era una sombra que se destrozaba,
incierta en húmedas tinieblas
y engañosas palabras destruidas,
trocadas en blasfemias que a los ojos
ni luz ni sombra daban:
era el temor a ser sólo una lágrima.

Mas el mundo renace al encontrarte,
y la luz es de nuevo
ascendiendo hacia el aire
la tersa calidez de sus alientos
lentamente erigidos;
brotan de fuerza y cólera
y de un aroma suave como espuma,
tal un leve recuerdo
que de pronto se hiciera un muro de dureza
o manantial de sombra.

Y en ti mi corazón no tiene forma
ni es un círculo en paz con su tristeza,
sino un pequeño fuego,
el grito que florece en medio de los labios
y torna a ser el fin
un sencillo reflejo de tu cuerpo,
el cristal que a tu imagen desafía,
el sueño que en tu sombra se aniquila.

Olas de luz tu voz, tu aliento y tu mirada

en la dolida playa de mi cuerpo;
olas que en mí desnúdanse como alas,
hechas rumor de espuma, oscuridad, aroma tierno,
cuando al sentirme junto a tu desnudo
se ilumina la forma de mi cuerpo.

Un mar de sombra eres, y entre tu sal oscura

hay un mundo de luz amanecido.

RITUAL. Arturo Gutiérrez Plaza.

Se trenzan lentamente
acoplan sus medidas...
Descubren un rito
de aullidos diminutos;
lenguas,
ojos tallando la piel.
Los labios se encuentran,
olfatean,
recorren con furia los cuerpos.
Un breve estallido
queda preso en las sábanas.
Construyen un templo en la mirada.

lunes, 11 de enero de 2010

Alberto Marpez - Llegaste Desnuda, como siempre

 

Ya es la hora. Ella vendrá. Puntual.
    Como siempre.
    Veo la neblina nimbada. Me envuelve una bruma de fragancias a flores y hembra en celo. Aquí está, ya llegó. Desnuda, endemoniadamente desnuda.
    Su belleza sobrenatural subyuga, aturde, devora.
   Su cuerpo es una invitación al sexo más salvaje. Sus prominencias son puro fuego, senos blancos y turgentes coronados con dos magníficos soles rosados siempre erguidos.
    Sus curvas están hechas para la pasión. Y la perversión.
    Su pubis es un mínimo triángulo invertido señalando el húmedo camino del placer. Los labios color salmón regalan néctar, impacientes por ser besados.
    No sé quién es. No sé qué es. Pero estas nunca han sido razones suficientes para no amar a alguien.
    La conocí a los quince años, cuando padecí una enfermedad que casi acaba conmigo. En aquél momento nadie pensó que yo pudiera salvarme. Una fiebre feroz devastaba mi cuerpo y deliraba empapado en mi propio sudor.
    Vagando perdido en el límite entre la vida y la muerte la vi por primera vez. Quizás la vida, la muerte y la pasión estén hechas de la misma sustancia.
    Sobreviví. Y desde entonces acude a mi encuentro todas las noches, a las doce exactas.

    Su cabello negrísimo es largo y serpentea perezoso en su espalda hasta acariciar su culo perfecto. Las nalgas son montañas atravesadas por el cauce de un río que pide a gritos la exploración de sus profundidades.
    Toda su piel de luna emana un brillo nacarado. Sus piernas son largas y aún los torneados tobillos parecen la obra maestra de un eximio escultor.
    Me mira y me pierdo en sus ojos celestes. Su lengua juega traviesa entre sus labios carnosos.

    No habla, pero yo la escucho. Su voz aterciopelada desgarra desde dentro mi cabeza, mi pecho, mis genitales. «Hazme tuya», ruega. «Haz conmigo lo que desees», pide. «Te necesito ahora», clama.
    Se acerca. Como siempre.

    Aunque me duerma en mi espera, me despierta. Me sacude. Me excita. Me electriza. Me inmoviliza de ardor. Me incita a hacer el amor, a perderme en el infierno de su carne pálida.
    Desde que la vi por primera vez ninguna otra mujer ha existido en mi vida. No son nada. No se aproximan ni remotamente a tanta hermosura.
    ¿Que es irreal?... Sí, por supuesto. ¿Pero qué ser amado es real to–tal–men–te?
    He vivido obsesionado con ella. Perdidamente enamorado. Ciego al mundo, sordo a todo. Esperando con desesperación su llegada cada noche.
    Y paradójicamente también he vivido rechazándola día tras día con los últimos restos de mi voluntad. Algo en mi interior intuye que si accedo a su invitación me perderé para siempre. Si cedo, nunca más la veré, nunca más me veré.
    Me atrae como la hoguera a la mariposa nocturna.
    Camina hacia mí con paso felino. Como siempre.

    Pero esta vez creo que adivina que mis defensas se desmoronan, que hoy no sé si podré resistir, que hoy no sé..., si quiero resistir.
    Su fuego frío me envuelve. Tiemblo y ardo al mismo tiempo. Mi sexo se enloquece. Mi mente se paraliza. Mi carne vibra sin freno. Mi semen es lava ardiente que busca desesperadamente su erupción.
    La escucho otra vez. «No me rechaces», me ruega.
    No, no, no...
    Me digo que no. No debo...
    «Te quiero», me susurra. Y me toca. Me acaricia. Me avasalla. Su cuerpo suplica por el mío. El sudor perla mi frente.
    No, no...
    «Te amo», me confiesa. Su aliento es dulce, irresistible, embriagante. Su boca roza mis labios y los enciende.
    No...

    Como nunca.
    La beso. La abrazo. Me hundo en la rosa abierta de su sexo. Me quemo en las llamas del éxtasis más sublime.

     Estallo en miles de chispas de pura luz arco iris.

    Comprendo que el amor puede ser eterno aunque dure solamente un instante.
    Y me resigno a lo inexorable...

Enric Sòria - Deseo, de "Andén de cercanías"


Porque el deseo es una pregunta
cuya respuesta nadie sabe.
Luis Cernuda.

No decía palabras. Sólo era
dos labios que se abrían expectantes.
No, no decía palabras, tan sólo acariciaba,
lentamente, mientras todo su cuerpo
unas manos distintas lo surcaban.
y allí, entre esas manos, el silencio.
Dos bocas que se juntan,
renuevan el silencio,
y el aliento y la sangre
cobran sabiduría
de algún secreto ardiente e invencible,
como ola encabritada o tensa brida,
un secreto al que callan y otorgan.
Los cuerpos son tan sólo interrogantes
planteados deprisa,
porque no hay más respuesta
que no sea respuesta de unos labios abiertos,
que no sea de un cuerpo,
cuando un cuerpo es propicio.
El amor también es una sombra
que busca entre las sombras
otro cuerpo silente.
No decía palabras.
Tan sólo se entreabría
a una imperiosa voz no articulada.

sábado, 9 de enero de 2010

Efraín Huerta - La Amante

 

De Parejas


Y, desdichada, hallarte vibrante de violetas,
celeste, submarina, subterránea,
ahijada de las nubes,
sobrina del oleaje,
madre de minerales
y vegetales de oro,
universal, florida,
jugosa como caña
y ligera de brisas
y cánticos de seda.
Desdichada penumbra al encontrarte
negándose tu cuerpo a mi deseo,
dándose al día siguiente,
circulando en el aire que respiro,
diseñando mi vida,
mi agonía
y mi muerte sencilla,
y mi futura muerte
entre los muertos.
Ah tu cordial miseria de caricias,
el gesto amargo de tus manos
y la rebelde fuga de tu piel,
cómo me decepcionan,
me castigan y ahogan,
hembra de plata líquida,
insobornable y mía.
Y tu noche de gritos y gemidos,
alimentando vida, creando luz,
provocando sudor, melancolía,
amor y más amor desfallecido,
tumultos de palabras,
mi desdichada niña,
olvidándote, sí, casi perdiéndote
en el ruido de torsos y sollozos.
Pero siendo destino, siendo gloria
tus cabellos castaños, tus miradas
y tus feas rodillas de suave juventud.

viernes, 8 de enero de 2010

LOS AMANTES. Baldomero Fernández Moreno.


Ved en sombras el cuarto, y en el lecho
desnudos, rosados, rozagantes,
el nudo vivo de los dos amantes
boca con boca y pecho contra pecho.
Se hace más apretado el nudo estrecho,
bailotean los dedos delirantes,
suspéndase el aliento unos instantes...
y he aqui el nudo sexual deshecho.
Un desorden de sábanas y almohadas,
dos pálidas cabezas despeinadas,
una suelta palabra indiferente,
un poco de hambre, un poco de tristeza,
un infantil deseo de pureza
y un vago olor cualquiera en el ambiente.

Robert Mapplethorpe

Robert Mapplethorpe

miércoles, 6 de enero de 2010

Irene Gruss - Mastúrbate

De sessobella

Mastúrbate,
úntate cada pezón con miel
y baja el mentón, la lengua
saben dulces, toca
circularmente cada punta morada, agrietada o lisa
y luego acaricia el vientre, el ombligo,
haz cine o literatura
con la mente pero no olvides los pezones,
la miel, el dedo circular
hazlo frente al televisor mientras te ríes
y te humillas: mastúrbate, abandona,
cuida el clítoris como a la piel de un niño,
escucha el viento que suena detrás
de la ventana cerrada, guarda tu jugo
a escondidas del mundo
y mastúrbate, que tus piernas
comiencen a abrirse y a cerrarse
que tu murmullo sea un gemido ronco,
grito agudo en el aire, en el hueco que
pide penetración, contacto,
habla despacio
hazlo en silencio pero gime
aúlla
murmura aunque sea el goce
el rozarse de tu pelo en la almohada
en la alfombra en la nuca,
mastúrbate,
hasta que las rodillas tiemblen
hasta que caigan
lágrimas y suene esta vez
no un viento sino un timbre
y otro, regular la campanilla,
recién entonces
dilátate como en el parto
lubrica tu vagina, el tubo que
sigue llamando, levántalo, bájalo
introdúcelo
y escucha ahora su voz,
lejana, ajena,
y cierra tus ojos, su boca
tan adentro.

Y SI...




Y si me sientes

cuando te pienso,

cuando te sueño,

cuando te hablo,

cuando te beso...


Y si te siento

cuando me acaricias,

cuando me abrazas,

cuando me susurras,

cuando me amas...


Y si nos sentimos

cuando nada se nos escapa,

cuando el lenguaje del amor

nos sale del alma...


¿Por qué ya entre nosotros

no existen ni las palabras?.


AMANTHADES.

martes, 5 de enero de 2010

Hades y Perséfone

Perséfone en realidad tenía razones más que acertadas para negarse a la voluntad de Hades, pero ese dios...
En verdad la amaba y, en su amor moraba su locura.

Hades y Perséfone/Plutón y Proserpina

Pablo Neruda - DÉJAME SUELTAS LAS MANOS

De Robert Mapplethorpe

DÉJAME sueltas las manos
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión —sangre, fuego, besos—
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!
Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!
Déjame libre las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste—
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!
 

lunes, 4 de enero de 2010

Mario Amengual - En la playa

De DOUg winsor

Sale de la espuma de las olas
alzando su brazo izquierdo
con pausado movimiento
de gato que se despereza.
Sacude su cabellera negra
creando una llovizna deslumbrante
alrededor de sus hombros.
Su rostro y su pecho morenos
quedan cubiertos de gotas temblorosas.
En su ombligo ha nacido
un manantial que fluye apurado
hasta el rosado fosforescente
que apenas cubre su pubis.
En sus muslos de arcilla consentida
gozan la luz y las sombras.
Sus rodillas emergen
como un pueblo de conquistadores afanosos.
Sus pies, que culminan en un bien definido
y blanquecino filo, al fin
llegan a la arena y ella
se detiene contra el cielo y el mar,
justificando de cuerpo entero
la estética de su existencia.

LO QUE SIENTO POR TÍ. IDEA VILARIÑO.

Lo que siento por tí es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por tí. Ésto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por tí, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por tí, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.

domingo, 3 de enero de 2010

Rubén Bonifaz Nuño - Ningún otro cuerpo como el tuyo

De Helmut Newton

Ningún otro cuerpo como el tuyo
vino a salir sobre la tierra,
porque él es tú. Domingo diario,
simposio y lecho y mesa puesta
para los sentidos no platónicos.
Sin verte ni oírte, voy formándole
el molde de un instante tuyo;
el estuche justo, tu morada.
Espacio puro, impenetrable,
donde guardarlo aprisionado.
Siguiendo los innumerables
peldaños infinitesimales
de tu olor, bajando y ascendiendo,
las superficies reconozco,
maravilladas, de tu cuerpo.
Hueles a escollo soleado,
a huertas en la sombra, a tienda
de perfumes; a desierto hueles,
tierra grávida, a llovizna;
a carne de nardo macerada,
a impulsos de ansias animales.
Y cada aroma halla respuesta
en un sabor que lo sostiene,
y el regusto de la sal, el agrio
del fruto en agraz; dulcísimo,
el del fruto maduro y pleno,
el amargor donde floreces,
mezclándose, ardiendo, disolviéndose,
hacen de ti un sabor; el único
sabor, el que te vuelve en suya.
Y con él completo la armadura
del perfecto espacio: tu recinto
inequívoco, el sitio de ti misma.

NOCHE DE COPLA. AURORA LUQUE.

Noche de amor perfecto, amargo, oscuro.
Presente comprendiéndose a si mismo
hinchado al fin de vida.
El mundo, tal vez innecesario.
El vello desprendido sobre la piel muy húmeda.
Anacrónicamente, la colcha años cuarenta
con cinco japonesas azuladas.

sábado, 2 de enero de 2010

Alex Krivtsov

Alex Krivtsov nació en Crimea y vive y trabaja en San Petersburgo. Su trabajo ya sea personal o profesional siempre tiene una alta calidad creativa.

viernes, 1 de enero de 2010

CARNE DE MI AMANTE.ÁNGELA FIGUERA.




MÁRMOL oscuro y caliente

tallado en músculo y fibra.

Carne de mi amante, carne

viril y prieta de mi vida.

Suave y blanda entre mis dedos;

fuego bajo la caricia.

Dulce y sabrosa a mis labios

como una fruta mordida...

Carne de mi amante, carne

tan mía como la mía.


Alejandra Menassa - DEFINITIVAMENTE, ME RINDO AL FUEGO DE TU BOCA

 

No me advertiste que tenías un volcán en la boca,
me muero porque su lava invada todos mis rincones.
No me dijiste que tus labios eran la cuna del fuego:
mi ardiente Prometeo, robaré tus labios cada noche.
Como Ave Fénix, resurgiré de las cenizas
en las que me sume tu incandescente boca,
sólo para volver a besarte,
y volver a arder, y volver a besarte:
tus llamas son un imán para mi noche.
Seré tu Juana de Arco, quémame cada hora
en la hoguera que sobre mi cuerpo van construyendo tus palabras.
Hazme arder otra vez hasta fundirnos:
metales preciosos nuestros cuerpos.
Sé mi Nerón: prende fuego a tu Roma,
mi boca no entiende otro lenguaje que la llama de tus besos,
las pavesas del cielo, los refulgentes meteoritos de tus labios.
No te apagues jamás, no te extingas jamás,
la tea ardiente del deseo guarde para siempre
el inagotable calor de tus labios,
tus labios que derriten el hielo,
tus labios que me impregnan de luz,
tus labios: imprecación al fuego,
Tus labios: destino de mi boca,
estación final de mi deseo.